January42012

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Elecciones primarias precocinadas

La Cámara de Diputados acaba de aprobar el proyecto de ley que instituye y regula las elecciones primarias de los candidatos a presidente, parlamentarios y alcaldes. Ahora el proyecto debe pasar al Senado para su siguiente trámite constitucional.
Muchos políticos, especialmente de gobierno, han celebrado la medida como un desarrollo positivo hacia la democratización. El diputado Salaberry, de la UDI (extrema derecha pinochetista), considera la nueva ley como un perfeccionamiento de la democracia.
Pero, de hecho, con el nuevo proyecto la verdad es que no se avanza en absoluto. Es simplemente una vuelta de burro más a la noria de la desfachatez de la clase política.

Un reclamo persistente de la ciudadanía ha sido que los candidatos a senadores y diputados no son elegidos en elecciones abiertas al interior de los partidos que los postulan. Esos candidatos son simplemente nombrados por las directivas de los partidos, permitiendo así que grupos de poder (clanes) se perpetúen en su mando, rotando a sus candidatos a cargos en alguna de las cámaras. Estos candidatos son luego ratificados por la ciudadanía en un paripé de proceso electoral que, la verdad sea dicha, no sirve absolutamente para nada, excepto crear la ilusión -en todo caso para muchos- de que son los ciudadanos quiénes realmente deciden. Nada más lejos de la verdad.

La solución propuesta por muchos para democratizar este maquiavélico sistema era obligar a los partidos a elegir a sus candidatos en un proceso democrático. Estas son pues las elecciones primarias.
Pero la nueva ley no es obligatoria y son los llamados Consejos Generales de los partidos los que deben decidir, sin proceso democrático alguno, si llaman a elecciones primarias o no. Así lo determina el artículo 8 del proyecto (boletín
N°7911-06): “Corresponderá al Consejo General de cada partido político la decisión de participar en elecciones primarias para la nominación de candidatos” a presidente, parlamentarios y alcalde “[…] y la nominación de los candidatos para dicha elección”.
[El Consejo General
 está formado por la totalidad de los senadores y diputados de cada partido y sus consejeros regionales (uno por región). Cada Consejo Regional consta de tres miembros (presidente, secretario y tesorero) elegidos por los afiliados.]
En otras palabras, los candidatos a las elecciones primarias, en el caso de que el Consejo General de los partidos decida sostenerlas, serán nombrados básicamente por las mismas personas o los mismos grupos de poder que hoy. La Directiva de los partidos (que hoy nombran a los candidatos), es elegida por el mismo Consejo General.
El diputado Pepe Auth (PPD) lamentó que la derecha en el Parlamento impidiera una verdadera democratización del proceso mediante el cual los partidos designan sus candidatos a elecciones. “Los Consejos Generales de los partidos”, dijo, “
deciden quién se inscribe en las Primarias, impidiendo que un candidato pueda inscribirse ni siquiera cuando ha recabado un porcentaje importante de adhesión de sus militantes”.
Esta reforma política, anunciada y celebrada por el gobierno y sus partidos, no sirve absolutamente para nada. Es simplemente un paripé, una elección de tómbola, un proceso electoral a la altura del patio de recreo de un asilo de lunáticos o de una guardería de subnormales.
 

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October242011

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Quiénes son los usurpadores

El senador Girardi simplemente impidió un mal mayor. De haber intervenido la policía, hoy tendríamos mujeres y hombres apaleados, quizás uno o dos niños asesinados a balazos por la espalda y niñas manoseadas y ultrajadas por carabineros en los buses policiales. Con esto, Girardi se gana el respeto y el respaldo de la ciudadanía.
Pero la intervención de los manifestantes en el Senado en Santiago tiene también una dimensión simbólica que no se debe desdeñar. El gobierno quiere eludir su responsabilidad, y justificar de manera encubierta su intención de proteger el lucro en la educación y seguir protegiendo el despojo de nuestros recursos naturales y destruyendo el típico paisaje chileno, enviando proyectos de ley al Congreso, pese a que las organizaciones ciudadanas le habían pedido que las escuchara primero. Vale decir, el gobierno quería arreglarse los bigotes con los políticos por encima de la ciudadanía. Los manifestantes se apersonaron para decirles precisamente eso, e insistir en que fueran tomados en cuenta. Los ciudadanos no tienen muchas oportunidades de hacerse oír y esa era una ocasión. Quizás no es la mejor estrategia, pero es efectiva en cuanto deja en claro para todo el mundo, también para el extranjero, que este conflicto se deriva sobre todo de la falta de legitimidad de la clase política chilena, fundamentalmente porque nadie elige a esos políticos, que se eligen a sí mismos (como Escalona o Larraín, por ejemplo) o se hacen nombrar candidatos (los otros, lo que asegura su elección o reelección). Ningún senador o político chileno es realmente elegido, ni siquiera los que reciben los votos como primeras mayorías. (Esto porque fueron candidatos nombrados por las directivas de sus partidos y no en primarias abiertas y democráticas. El voto ciudadano sólo ratifica una decisión tomada a espaldas de la ciudadanía.)
Chile no es una democracia y los ciudadanos están hartos. El único modo de recuperar la paz social y que los ciudadanos acepten decisiones tomadas por el Congreso es que este Congreso sea elegido democráticamente, de modo que sus decisiones sean aceptadas aun si no nos gustan. En las condiciones actuales, eso es imposible. Por eso la única solución a corto y largo plazo es derogar el sistema binominal y rescribir la Constitución, para lo cual se hace indispensable convocar a una asamblea constituyente. Recuperar la democracia es la única solución, y sería bueno que todos, izquierda y derecha, se comprometiesen en ello sin trampas ni engaños.
Porque lo que dejó claro la arremetida ciudadana en el Senado es que no son los ciudadanos los usurpadores, sino los políticos que estaban en el edificio, que vienen usurpando la voluntad y representación ciudadana desde 1990. A los dirigentes ecologistas y estudiantiles los eligen al menos sus propias plataformas. A los senadores y diputados no los elige nadie. El edificio del Senado, si pertenece a alguien, es al pueblo, no a una clase política autocrática que carece de toda legitimidad.

Comentario sobre una nota en La Nación.

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October232011

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Estamos lejos de ser una democracia

Somos muchos los que vemos las cosas de otra manera. Es irritante escuchar a cada rato que somos una democracia cuando es tan evidente que estamos lejos de serlo. ¿Qué pretenden los políticos en insistir una y otra vez en esta descripción inapropiada del régimen político chileno? ¿Lavarnos el cerebro? Debido al binominal, los chilenos sólo elegimos a las primeras mayorías, vale decir, a la mitad de los senadores y diputados. La otra mitad la designan las cúpulas de los partidos. Todo esto se dice con mucha generosidad, porque los políticos que son presentados como candidatos al Senado o a la Cámara Baja no son elegidos en primarias democráticas y abiertas, sino que nombrados por esas mismas cúpulas. Lo que el establishment llama elecciones no es más, si acaso, que una burda ratificación de decisiones tomadas en los cuartos traseros de los cuarteles políticos. ¿A esto le llaman democracia?
Dicho esto, se entiende que cuando el gobierno rechaza el diálogo con los estudiantes, profesores y padres y apoderados que buscan una reforma de la educación, prefiere la brutal represión de las fuerzas especiales de Carabineros y criminaliza la protesta, que cuando pretende que el tema termine en el Parlamento, la ciudadanía empieza a temblar, porque, no tratándose de políticos elegidos democráticamente, y que parecen estar más interesados en mantener el status quo que los convirtió en multimillonarios que en gobernar por el bien común, el temor generalizado es que se arreglen los bigotes con el gobierno. Después de todo, del actual sistema educacional chileno son responsables tanto la dictadura como la Concertación. En educación, y en muchas otras cosas, la Concertación y la Alianza son las dos caras de la misma moneda.
La actuación del senador Girardi fue correcta y se evitaron males mayores. Si se hubiese autorizado la presencia de fuerzas especiales, se habría autorizado que carabineros golpeasen a mujeres y niños indefensos, habrían llenado el edificio de gases lacrimógenos y, quizás, algún elemento más asilvestrado que otros le habría pegado un balazo por la espalda a algún niño. Girardi evitó todo eso. La sesión pudo continuar. El senador merece elogios y todo el respaldo de la ciudadanía.

Comentario sobre una nota en La Nación.

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October222011

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Gobierno provocará ruptura constitucional

No va a ser necesario que el ministro Bulnes siga trabajando con más o menos fuerza porque después de estas porfiadas declaraciones no tendrá más remedio que marcharse a casa. El conflicto estudiantil se prolonga durante meses y este ministro no tiene nada más que ofrecer que represión e insultos. Que el 80% de la ciudadanía rechace la posición y maniobras del gobierno e insista en que apoya una educación pública, gratuita y de calidad debería llevar al ministro a emplear mayor cautela y moderación a la hora de hablar del movimiento por la reforma: está tergiversando e insultando a la inmensa mayoría de los chilenos.
Pero tocando el fondo del asunto, creo que el senador Girardi actuó bien al no admitir que fuerzas especiales desalojaran a los manifestantes en el Senado. Creo que se puede entender que no es admisible que grupos de ciudadanos ocupen las tribunas de la institución a gritar lemas y desplegar lienzos, interrumpiendo la sesión. Pero el ministro se retiró de la sesión apenas entraron los estudiantes, sin oír sus reclamos ni enterarse si pensaban quedarse o si, expresados sus reclamos, marcharse pacíficamente. Esa conducta arrogante de un ministro que escribe diálogo con bombas lacrimógenas e indiscriminadas y salvajes agresiones contra manifestantes, muchos de ellos niños, es derechamente inadmisible.
Conociendo la brutalidad de las fuerzas especiales, que golpean arbitraria e innecesariamente, arrojan bombas y a veces hasta asesinan a sangre fría a manifestantes y a cualquiera que les parezca que tiene cara de pobre, llamarlas a desalojar o permitir su ingreso era una garantía segura de convertir el Senado en un campo de batalla donde las víctimas serían, como siempre, ciudadanos indefensos y desarmados haciendo frente a matones embrutecidos. Con un Senado lleno de gas lacrimógeno, confusión y gritos, heridos sangrando y madres y padres defendiendo a sus hijos de los ataques de los pacos asilvestrados, continuar con la sesión habría sido derechamente imposible. El remedio que proponía el ministro era ciertamente peor que la enfermedad.
Pero el incidente deja en claro la escasa capacidad del ministro, su arrogancia y su terrible impericia. Ahora, ciertamente, no podrá ser considerado un interlocutor válido en las negociaciones con estudiantes y profesores, y en realidad con todo Chile, por lo que debería marcharse. El ministro tiene al país al borde de un quiebre constitucional y su arrogancia y falta de tino obligará a los legisladores que están a favor de la reforma a endurecer sus posturas. Este gobierno bien podría terminar antes de su mandato legal.

Comentario sobre una nota en La Nación.

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December192010

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La dictadura no ha terminado

Algunos argumentos llegan a ser obscenos en su mala fe. Desde el primer día de la dictadura lo turbio de sus propósitos quedó en evidencia cuando pretendió justificar el golpe en un documento enteramente falso, llamado el Plan Z. Los criminales trataron de borrar toda huella -de aquí viene la práctica de desaparecer a los detenidos y destruir toda evidencia material- para que nadie se enterase ni de la cobardía ni de la arbitrariedad de los autores de esos crímenes. Mantener viva la memoria de lo ocurrido es un deber de todos, pero también continuar luchando para terminar con la impunidad de los criminales, que garantizan jueces, políticos y militares pinochetistas todavía infiltrados en instituciones del estado (léase Corte Suprema, Carabineros, FFAA, Senado, Cámara). Mientras toleremos la existencia de partidos de terroristas como la UDI, o del sistema binominal, o de jueces como Nibaldo Segura y otros similares, seguiremos viviendo en dictadura.

Comentario sobre una nota en La Nación.

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