November162012
Plan Z para los perros
La versión online de El Mercurio publicó en su edición del 11 de noviembre una nota donde se afirma que la población de perros vagos en Chile es de cuatro millones. El diario no menciona la fuente de este dato, que es patentemente absurdo. Otras ediciones de El Mercurio en el país han difundido estas cifras imaginarias. Según los cálculos de la ‘Propuesta CEFU sobre control canino’ de 2007, que es seguramente la fuente más fiable disponible, solamente en Santiago había para la fecha 56 mil perros vagos, vale decir, perros sin hogar o sin dueño según la clasificación empleada.
Para entonces probablemente la población de perros sin responsable era menor. Los perros sin hogar no carecen necesariamente de responsables o tutores, pues existen numerosas asociaciones a nivel de barrio (muchas de ellas franciscanas) y personas que se ocupan de los perros en situación de calle –abandonados y perdidos-, alimentándolos regularmente, vacunándolos y ofreciéndoles asistencia médica. Es decir, la población de perros sin hogar y sin responsable debe ser, por esto, necesariamente aun más baja. A veces se considera entre los perros vagos o sin dueño a los perros de vecindario, pese a que en realidad son perros de servicio (vigilantes) que son alimentados y cuidados por vecinos. En Santiago, para 2007 se calculaba la población de perros de vecindario en 24 mil; vale decir, en todo Santiago no había entonces más que 80 mil perros vagos. Los perros callejeros son perros con familia humana, pero que pueden pasar varias horas del día fuera del hogar. En Santiago había entonces 180 mil.
Saltar de estas cifras a razonadas a cuatro millones de perros vagos es un truco macabro, es una cifra imaginaria que no tiene ningún asidero en la realidad. En el mejor de los casos, es una interpretación abusiva, una conclusión irrazonada sobre datos dudosos. Varios diarios de esta cadena han empezado a difundir estas cifras extravagantes y, en sus editoriales, a sugerir más bien guasonamente que fracasadas todas las estrategias de control de la población canina (esterilizaciones y castraciones), quizá habría que volver a aceptar las estrategias de exterminio como la mejor solución a lo que ese punto de vista considera que es el problema canino, vale decir, que los perros ocupan los espacios públicos humanos, que son una amenaza para los transeúntes y que constituyen una amenaza para la salud pública. Para facilitar la adopción de esta política criminal, es necesario primero convencer a la opinión pública que en el país hay muchos más perros vagos que las cifras que entregan los estudios, y dos, convencernos de que los perros de la calle atacan a los humanos con más frecuencia y con más consecuencias graves (incluyendo la muerte) de lo que se cree. Para ello, nada mejor que llenar las páginas de los diarios con ataques caninos, que ocurren todos los días. La idea es crear en la opinión pública la idea de que el problema de la sobrepoblación canina nos sobrepasa. La solución que se sugiere, y piden algunos, es el retorno al canil municipal como centro de acopio y exterminio, o derechamente al exterminio, donde quiera que sea, como el rey gitano de Antofagasta o la UDI (extrema derecha) y la Cámara de Comercio y Turismo de Valparaíso.
Cuando los posibles interlocutores tienen una posición determinada de antemano sobre lo que creen que es un problema, y fundamentan esta posición en cifras adulteradas o interpretaciones abusivas, se hace muy difícil buscar un diálogo que para esos interlocutores es simplemente un obstáculo. Es la postura de El Mercurio de Valparaíso, que, aparte el llamado a la “erradicación” –asesinato masivo de perros-, responsabiliza a los animalistas y propone que estos recojan y adopten en sus casas a los perros de la calle, una postura irracional que es difícil creer que alguien la pueda haber pensado seriamente. Con la misma soltura y coherencia, o falta de esta, se podría exigir a los bebedores de alcohol que recojan de las calles y adopten a los humanos alcoholizados o que paguen los costes de sus tratamientos, habida cuenta de que representan problemas y riesgos todavía peores que los perros de la calle. Derechamente, esto no es una posición: es una agresión. La estrategia es empujarnos a reconocer y compartir lo que ellos definen como problema, que los animalistas no creemos que exista. Pero que el problema exista principalmente en el imaginario de la extrema derecha, no quiere decir que debamos desentendernos: estas personas son psicópatas peligrosos y pueden actuar en cualquier momento para llevar a cabo sus planes de exterminio. Lo que están haciendo ahora es redactar un Plan Z para los perros.
Probablemente es parte de esa estrategia la formulación de El Mercurio online de lo que considera un problema: “La interrogante radica en qué hacer con una población canina abandonada que crece sin control”. Lo primero que deberíamos hacer es saber de qué estamos hablando. La inmensa mayoría de los perros de la calle son probablemente perdidos –como es el caso en Brasil y Estados Unidos-, no abandonados, que por alguna razón –menos o más atendibles - sus familias humanas han dejado de buscarlos. Si se implementaran a nivel municipal servicios de búsqueda y rencuentro al que las familias pudieran recurrir tempranamente para pedir ayuda en la búsqueda de sus mascotas extraviadas, la cantidad de perros en las calles disminuiría abruptamente, quizás en un cincuenta por ciento. Los otros perros –los abandonados- podrían ser incluidos en programas de adopción.
El editorialista de El Mercurio de Valparaíso afirma que los programas de esterilización han fracasado, porque el procedimiento no quita la agresividad de los perros vagos. Evidentemente si creemos que los perros vagos son agresivos en sí, estos programas no son una solución, y no es políticamente viable mantener en vida a una población ociosa de millones de animales salvajes. En las flechas que pone el diario en la ruta hacia la solución es fácil leer la palabra “exterminio”. Pero no es posible tomar en serio esta idea bruta de que los perros vagos son agresivos. En realidad, según algunas autoridades sanitarias son mucho menos agresivos que los perros con dueño.
Aquellos que creen que tenemos un problema de sobrepoblación y que esta se soluciona con más esterilizaciones y castraciones, no van a encontrar un aliado en El Mercurio. Pero sin estos programas, la reproducción canina se descontrolaría todavía más. Los programas de esterilización no son la solución para el problema de los perros en situación de calle, pero no es esto lo que interesa a El Mercurio: lo que le interesa es crear la impresión de que estamos en un callejón sin salida, que nada sirve.
La única solución para los perros en situación de calle es que les encontremos hogares adoptivos. Los programas de esterilización están ideados como soluciones individuales o para control demográfico, no para la solución de un problema que es esencialmente social: el extravío de personas animales con la mente de niños de cuatro, y el abandono.
Causan sorpresa las cifras que El Mercurio online atribuye a la seremi de Salud metropolitana: que en 2011 hubo más de treinta casos de humanos mordidos por perros de la calle. Estas cifras –nuevamente sin fuente; en la página web del seremi metropolitano la última actualización para el tema perros es de septiembre de 2012- parecen igualmente o enteramente imaginarias o falsas. En informes anteriores del seremi metropolitano, los ataques de perros contra humanos giraban en torno a los veinticinco mil, y la inmensa mayoría de ellos eran provocados por perros con dueño. ¿Cómo es posible creer que, de la noche a la mañana, la realidad sea tan completamente diferente, que haya cambiado tan radicalmente?1
Porque si los ataques, hasta 2010, eran provocados fundamentalmente por perros guardianes o perros de patio, la solución más a la mano era obviamente obligar a los dueños a adiestrar profesionalmente a sus perros, para que estos sepan cómo y cuándo actuar y no ataquen arbitrariamente a las personas que se acercan o pasan cerca de sus perímetros, y a insistir y fiscalizar la calidad de los cierres perimetrales, a partir de 2011, no siendo los perros guardianes la causa principal de los ataques sino los perros vagos, la única solución es simplemente sacarlos de las calles. ¿Pero dónde guardar o qué hacer con cuatro millones de perros?
Además, gran parte de las lesiones causadas hasta 2010, eran secundarias o leves. ¿Querrán hacernos creer que ahora las lesiones son graves? Igualmente, sabíamos que al menos un tercio de los ataques de perros eran reacciones a agresiones humanas previas. La prensa usualmente no menciona este dato, pese a que los ataques caninos obviamente se reducirían en la misma proporción si los humanos no los provocasen previamente.
El Mercurio cita a una veterinaria que rechaza el exterminio (de los perros vagos, se entiende) porque “los sobrevivientes seguirán reproduciéndose”. Otro, un ecologista, cree que el problema (de los perros vagos) existirá mientras persista la costumbre de algunos “de botar animales cuando sienten que sobran en su casa”. Por lo que parece, la veterinaria cree que los perros vagos son una suerte de subespecie, que se reproducen en la calle, y no entiende que la realidad es en realidad mucho más fluida, lo que sí entiende el ecologista. No se nace como perro vago; la tasa de reproducción de los perros vagos es prácticamente cero. El perro vago ha sido previamente un perro con familia, y puede volver a pertenecer a una familia humana si es adoptado. La gente que abandona perros no son todos demonios. Si pudiésemos detectar a tiempo, a nivel local, las posibles situaciones de abandono, podríamos –animalistas e instituciones- intervenir a tiempo.
Pero probablemente un gran paso en dirección a la solución para los perros en situación de calle es prohibir o restringir la crianza comercial de mascotas. En una sociedad que rinde culto a la codicia y convierte todo en mercancía como la nuestra, quizá la prohibición no sea políticamente viable, pero sí podemos imponer restricciones a la crianza y venta descontrolada2 de mascotas, como acaban de hacer en Los Angeles, California, y fomentar la adopción. Como en Los Angeles, podríamos prohibir que las tiendas de mascotas vendan mascotas e imponer cupos de producción a los criaderos, al mismo tiempo que se puede prohibir la publicidad de la venta de mascotas así como las campañas publicitarias del comercio que incluyan el regalo de mascotas o su venta a bajo precio, como suele ocurrir sobre todo en algunas fechas. Estas restricciones, obviamente, como parte de un paquete de medidas que deberían incluir, entre otras cosas, la inscripción obligatoria y el microchip de identidad de las mascotas, la creación de una fuerza policial municipal dedicada exclusivamente al maltrato animal (que incluye la detección temprana de casos difíciles en los barrios, como peleas de perro, ancianos solos con perros, encadenamiento de perros, la crianza comercial ilegal) y el fomento de campañas de adopción.
El Mercurio online toca brevemente el tema de los caniles. Hay personas y organizaciones que rechazan los caniles municipales porque temen que en estos se termine finalmente matando a los perros, como ocurría en el pasado en las perreras. Pero si el canil es la última estación de un perro, o sólo una parada en ruta hacia un hogar adoptivo, depende de la estrategia que se adopte. Hay numerosas instancias de gestiones exitosas de los llamados caniles no eutanásicos (o de Sacrificio Cero), los que dan en adopción prácticamente a todos los perros que recogen. El canil de Ñuñoa en Santiago es uno de los grandes ejemplos y muestra que con una política activa de campañas de adopciones –sustentada por un grupo de voluntarios- es posible encontrar hogar a los perros abandonados y reducir considerablemente la presencia de perros en la calle. Esta misma comuna, junto con la de Las Condes, implementa además un activo y exitoso programa de rencuentro familiar (búsqueda de mascotas perdidas), que también contribuye a una presencia muy reducida, y siempre temporal, de perros en la calle. De estas experiencias, y otras en el país, las comunidades pueden aprender mucho si se despojan de sus prejuicios. En cualquier caso, la participación ciudadana es fundamental, entre otras cosas porque son los ciudadanos los que pueden fiscalizar el funcionamiento de los caniles y evitar que se conviertan en campos de concentración y exterminio.
Pero para cualquier solución que podamos imaginar, es necesario primero contar con informaciones fidedignas y datos fiables y compartir al menos algunos principios éticos básicos. Si no creemos en el derecho a la vida de los animales –y en este caso, de los animales domésticos-, y creemos legítimo manipular la verdad para adaptarla a nuestros intereses, como hace El Mercurio, y no compartimos la definición del problema, el diálogo y la búsqueda de una estrategia consensuada será estéril e inútil. Pero no creo que a El Mercurio le interese la verdad, ni creo que compartamos principios morales. Tenemos que actuar para contrarrestar la descripción arbitraria que hace la extrema derecha de lo que llaman el problema de los perros vagos e impedir que sobre la base de estas descripciones antojadizas e interesadas las autoridades adopten medidas destinadas a hacer desaparecer a los perros de la calle sin ofrecernos la garantía de que los canes recogidos serán colocados en hogares adoptivos.
[La foto viene de Radio Placeres.]
Notas
1 El gobierno del presidente Piñera se ha destacado por la mediocridad y la falta de profesionalismo y corrupción de muchos de sus funcionarios. Es posible que este cambio tan drástico en cuanto a las agresiones y mordeduras de los perros vagos se deba a lo mismo: escaso profesionalismo y colusión con la industria de la cría comercial. De cualquier modo, las autoridades deben explicar a qué se deben estos cambios tan radicales.
2 No puedo afirmar que haya alguna colusión entre la industria de los criaderos de mascotas y la prensa que en la búsqueda de una solución a lo que llama el problema de la sobrepoblación canina no menciona para nada a la industria de la cría comercial. Simplemente no hay investigaciones que sustentan una acusación semejante. Sin embargo, es evidente que la cría comercial influye claramente al descontrol. A nadie le conviene tanto el exterminio de los perros de la calle como a la industria de la cría. Para los que ven la vida de los animales como una fuente de ingresos, el exterminio y la ausencia de estrategias de adopción y rehabilitación permite la mantención de una demanda permanente de mascotas, un círculo que se reanuda toda vez que un cliente compra un cachorro.
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November142012
Campaña de hostilidad contra los perros
La Estrella de Arica dedica su editorial del 12 de noviembre al tema de los perros en situación de calle como parte de lo que no puede ser definido de otra manera que como una permanente campaña de desinformación sobre el asunto, de modo similar a como lo viene haciendo, también desde su editorial, el Mercurio de Valparaíso.
Empieza con una afirmación totalmente descabellada, sin informar a los lectores dónde la obtuvo el editorialista: que en Chile hay cuatro millones de perros vagos. Si se considera que las estimaciones más serias sobre la población de perros vagos en Santiago, que con casi siete millones de habitantes es la ciudad más grande del país, no superan los cien mil perros vagos o perros sin dueño en situación de calle, la cifra de cuatro millones de perros vagos es tan absurda que no sabe uno si provoca indignación o risa. En estimaciones de la población de perros vagos en Santiago en 2007 sólo se calculaba que llegaban a 56 mil. En Valparaíso el número de perros vagos es igualmente ínfimo en relación con la población humana y canina total.
Enseguida, como hace El Mercurio de Valparaíso, vuelve a insistir sobre el presunto peligro que representan los perros callejeros, que atacarían a humanos, “en ocasiones con graves consecuencias, especialmente cuando las víctimas de las agresiones son niños”, pero calla cuatro hechos fundamentales relacionados con el tema de las agresiones caninas: a) que la inmensísima mayoría de los ataques contra humanos los protagonizan perros con dueño, perros de patio o perros con funciones de guardia, en cifras que oscilan entre un setenta a más del noventa por ciento de los casos reportados en partes médicos y policiales; b) que la inmensa mayoría de los ataques ocurren consecuentemente en domicilios o en sus cercanías; c) que prácticamente la mitad de los ataques caninos son provocados por agresiones o torpezas previas de humanos, y d) que los perros en situación de calle suelen ser pacíficos y sólo en casos muy excepcionales atacan a humanos.
Considerando estos hechos, exagerar el peligro que representan los perros vagos para los humanos es derechamente una necedad, pues es mucho más peligroso, de mayor connotación social y de consecuencias médicas más graves el hecho de que los dueños de perros no dejan el adiestramiento de sus perros de guardia en manos de profesionales o, al contrario, los adiestran para convertirlos en perros bravos, manteniéndolos en una situación permanente de estrés, mal alimentados y maltratados, en la creencia de que son así mejores guardianes.
La única propuesta de solución atendible es obligar a los dueños a contratar los servicios de profesionales para adiestrar a sus perros con funciones de vigilancia y custodia de la propiedad, para que la defensa del territorio asignado no termine en ataques violentos o mortales contra los intrusos, y castigar con más severidad –vale decir, con penas de cárcel- a los dueños que torturan a sus perros para embravecerlos.
Menciona seguidamente el editorialista el presunto peligro de las enfermedades transmitidas por perros a humanos, especialmente la rabia, para agregar de inmediato que esta se encuentra erradicada en el país. Pero abre las puertas a la irracionalidad cuando agrega: “Pero nunca se sabe cuando puede reingresar, particularmente en las zonas fronterizas”. Si el editorialista no quiere con esta frase absurda sugerir que los perros rabiosos podrían provenir de Bolivia y Perú, no se entiende para qué la habrá escrito. Es una idea simplemente ridícula y no tiene otro fin aparente que crear un clima de temor y hostilidad hacia los perros, y contribuir a la xenofobia chilena.
En esta seguidilla de afirmaciones extravagantes agrega otra más cuando dice que los perros vagos “actúan como reservorios móviles” de garrapatas, las que pegarían a los otros perros, los con dueño. Esta creencia carece de todo fundamento. Además, ¿dónde se contagiarían los perros con dueño –de raza, quiere decir- si sus dueños no los sacan a la calle a socializar con la quiltrería? No queda más que suponer que el editorialista no sólo no sabe nada sobre las garrapatas, sino que además no sabe lo que es una casa con patio.
Como en un editorial de El Mercurio de Valparaíso mencionado antes, pareciera que esta empresa quiere preparar el terreno para reintroducir sea las espantosas matanzas de perros, sea los caniles de encierro permanente con que las autoridades pretendían en el pasado terminar con lo que ven como el problema de los perros vagos. La primera estrategia es simplemente inútil. Eliminar a los perros de la calle no es solamente inmoral, sino además un delito, y una opción totalmente inútil, habida cuenta que sólo ataca los síntomas y no el origen de los perros vagos, que es exactamente el mismo que el de los perros con dueño: los criaderos comerciales de mascotas. Si queremos ver menos perros en las calles no ha de ser por otros motivos que rescatarlos de la situación de abandono y desamparo en que se encuentran, y por ello la única solución humanamente razonable es su tránsito hacia hogares adoptivos. Probablemente las familias adoptarían más perros de refugio si las autoridades y otras instituciones (como iglesias y escuelas) fomentasen más activamente la adopción de perros abandonados o perdidos e impusieran restricciones o restringieran o prohibieran la cría comercial de mascotas, que es donde en última instancia vienen todas, y prohibieran igualmente que las empresas regalen cachorros a sus clientes por el motivo o las condiciones que sean.
Habría también menos perros en las calles si se deja de pretender que estos son todos abandonados y que muchos, quizá la mayoría, de los que están hoy en situación de desamparo son en realidad perdidos y pertenecen a familias que por razones diversas dejaron de buscarlos. Las municipalidades debieran implementar programas que faciliten mediante sistemas de alerta temprana la búsqueda y rencuentro familiar. Algunas municipalidades que han implementado programas –a menudo páginas web- para facilitar la búsqueda del can perdido y devolverla a su familia humana, han tenido éxitos notables que no deben ser ignorados –como en Las Condes y Ñuñoa, en Santiago.
Asombra la mala fe o la ignorancia desde la cual los editorialistas de El Mercurio suelen definir y abordar el tema de los perros vagos. El problema de los perros vagos, como les gusta decir a algunos, no es que ataquen y muerdan a los niños y adultos que los patean y maltratan, ni que dejen fecas en el suelo en espacios públicos ni que eventualmente pudieran transmitir a la población humana alguna enfermedad erradicada, sino que son personas animales en situación de desamparo, que pasan hambre y sed, que corren riesgo de ser atropellados y arrollados, que están expuestos a la violencia humana, que pueden enfermar por contagio, que siendo animales sociales como los humanos viven una dolorosa e inmerecida soledad. Su lugar no es la calle, sino la familia humana, que es la única que tienen. Y nuestro deber siempre urgente es procurar su rencuentro con sus familias humanas o su adopción por nuevas familias humanas.
[La foto viene del blog de Gonzalo Celis.]
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October12012
El Casengate
Hace unos días El Mercurio de Antofagasta publicaba una pequeña nota sobre las repercusiones que tuvo en el extranjero el escándalo sobre la manipulación de la metodología y cifras de la encuesta CASEN –la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional, que realiza desde 1985 el Ministerio de Desarrollo Social, encargándola a la CEPAL -la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas. El escándalo estalló cuando el gobierno anunció que, sobre la base de la encuesta, la pobreza en Chile se había reducido, lo que aparentemente debería indicar que la estrategia de reducción de la pobreza en el país estaba dando resultados. El presidente Piñera convocó a una rueda de prensa para destacar que la pobreza había descendido del 15 por ciento al 14,4 por ciento.
Originalmente el resultado de la encuesta constataba un 15 por ciento de pobreza, no un 14,4 por ciento. A ese resultado modificado se llegó cuando el gobierno insistió ante la CEPAL que incluyera una nueva pregunta, petición que la CEPAL desdeñó inicialmente porque, de incluirse, sus resultados no podrían compararse con los de encuestas de años anteriores y consecuentemente no se podría determinar el nivel de pobreza. Pero el gobierno volvió a insistir. Incluida la pregunta adicional, dos de los directores –Juan Carlos Feres y Andrés Hernando- encargados por la CEPAL de la encuesta renunciaron.
Según lo que informó la prensa, en las semanas y meses previos a la realización de la encuesta (la primera encuesta de la CEPAL se había realizado en julio), el gobierno, aparentemente con el propósito de influir en las mediciones, otorgó dos bonos a las personas más vulnerables: una asignación social de diez mil pesos (veinte dólares) y un bono para la mujer trabajadora de 24.600 pesos por año trabajado (cerca de cincuenta dólares). Los bonos implicaron disminución artificial de la pobreza del 0,2 por ciento.
Pero, además, era evidente que de los resultados era imposible concluir que la pobreza había bajado, porque la diferencia entre los resultados de la encuesta anterior de 2009 y la reciente manipulada de 2012 era demasiado pequeña (en julio de 2012 la CEPAL constató una pobreza del 15,1 por ciento). El 0,6 por ciento de diferencia no era interpretable en ese sentido porque podría deberse simplemente a un margen de error. Según la prensa, Andrés Hernando, Director de Estudios del Ministerio de Planificación, implicado en la encuesta, dijo que “con la información recabada por la CASEN 2011 , no se puede afirmar desde un punto de vista estadístico que la pobreza en Chile haya bajado realmente”. Interrogado por la prensa, el ministro Lavín se negó a responder las preguntas de los periodistas.
En realidad, es increíble que el gobierno haya insistido en incluir esa pregunta (sobre la percepción de los bonos adicionales) sabiendo que el truco, por irrelevante que fuera, sería descubierto y denunciado no bien se publicasen los resultados. Si el porcentaje de pobreza se mantenía igual que en 2009, eso querría decir que la pobreza había aumentado de manera estadísticamente no interpretable; si se determinaba que la diferencia era de 0,6 por ciento, esta tampoco podría interpretarse en el sentido que quería el gobierno. Es decir, esta insistencia en modificar las preguntas de la encuesta (un absurdo metodológico) no tenía ningún sentido y sería contraproducente. Cualquier sociólogo del gobierno pudo advertirle el error que estaba a punto de cometer. Pero el presidente lo cometió igual. El propio presidente, sin la ayuda de ningún asesor, pudo haber pensado que no podía sacar la conclusión que sacó sobre la base de una encuesta inútilmente manipulada. Tendría que haberse dicho: “Bueno, ese 0,6 por ciento bien puede deberse al margen de error”. Pero el presidente, que estudió en ejem Jarvar, no lo hizo. Tampoco pensó: “Si cambio los términos de la encuesta, si cambio las preguntas, no podrá compararla con la anterior y, por tanto, no podré decir que la pobreza bajó”. Pero nuestro doctor de Jarvar tampoco lo hizo.
Hay otra cosa que me llamó la atención entonces: en los mismos días en que el gobierno anunciaba el resultado de la encuesta, el propio ministro Lavín informaba que el gobierno había duplicado las instalaciones destinadas para acoger a los indigentes en Santiago durante el crudo invierno. Había más indigentes que el año pasado y, sin embargo, la pobreza había bajado. Eso tentó a muchos –incluyéndome a mí mismo- a concluir que eso simplemente quería decir que la gente no había dejado de ser pobre porque sus ingresos hubieran aumentado sino porque se habían hecho tan pobres que ahora eran indigentes (como ocurre en países como Colombia, por ejemplo).
El gobierno, sus ministros y el presidente pudieron haberse ahorrado este severo escándalo si eh, si sus diplomas de Jarvar implicasen una buena formación académica. Esos diplomas, que son muy caros, no son sinónimo de calidad de la educación recibida.
El Mercurio de Antofagasta del 28 de septiembre informaba que la revista británica The Economist había vuelto a referirse al escándalo. A raíz de la intervención del gobierno en las preguntas de la encuesta, se había puesto en entredicho la seriedad de Chile en cuanto a sus políticas económicas y la imparcialidad de sus estadísticas. “El cuestionamiento”, dice el diario, “ya había sido formulado hace una semanas por The New York Times y The Financial Times”.
El margen de error de la encuesta es demoledor: es del 0,87 por ciento, vale decir, superior al 0,6 por ciento de diferencia entre el 15,1 por ciento de 2009 y el presunto 14,4 por ciento de 2012. En otras palabras, si se puede concluir algo de estos resultados, es que la pobreza o se mantuvo igual o aumentó.
Pero The Economist dijo más. “La discrepancia”, escribió, “es pequeña, pero el principio en juego es grande: Chile se ha destacado durante largo tiempo en América Latina por la seriedad de sus políticas económicas y la imparcialidad de sus estadísticas. Esta reputación ayudó al país a ser invitado a convertirse en 2010 en el primer miembro sudamericano de la OECD, un club de países ricos. Ahora esa reputación está algo abollada”.
En realidad, el chichón es mucho más grande. No sólo el gobierno y sus políticas económicas y estadísticas están en entredicho sino toda la clase académica chilena. The Economist dice que el Casengate no es la única “anomalía estadística” que se descubre en Chile en los últimos tiempos. Señala la asombrosa discrepancia entre los resultados del Censo, que contó 16.6 millones de chilenos, y la proyección manejada por el Instituto Nacional de Estadísticas de 17.4 millones de chilenos. La nueva cifra, comenta la revista, “pareció confirmar los temores de que el censo de este año fue conducido pobremente, aunque permitió que Felipe Larraín, ministro de Hacienda, señalara secamente que el ingreso per cápita del país, en términos de paridad del poder adquisitivo, es de alrededor de diecinueve mil dólares –un oportuno aumento de los 17.222 dólares del año pasado”.
La revista se refiere luego a la tercera anomalía: la cifra del INE sobre los empleos creados durante el actual gobierno (700 mil) y los resultados de la encuesta CASEN, de 420 mil nuevos empleos.
Son anomalías injustificables e incomprensibles que señalan en una sola dirección: la politización de los instrumentos de medición oficiales y el aparente bajo nivel de competencia académica de los profesionales asociados al gobierno. The Economist concluye: “La lección a sacar de todo es que Chile debe reunir a sus sociólogos estadísticos en una sola organización, quizá un INE nuevo y mejorado, y darle más autonomía y un ámbito más amplio de competencia”. O sea, nuestros profesionales valen callampa. Pero no había que esperar a The Economist para saber que Chile es hoy la nueva filial del Planeta de los Simios.
Post Scriptum 1: a partir del 2 de octubre la CEPAL dejará de hacer la encuesta CASEN. Explicó la institución lamentaba el mal uso de su prestigio institucional.
Post Scriptum 2: el escándalo por la encuesta CASEN repercutió en los sondeos de aprobación del gobierno.
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August212012
Se prohíbe patear o escupir a los perros
Hace unos días un grupo de veterinarios de la Universidad Iberoamericana (abollada tras revelarse que es la institución que proporcionaba la inyección letal con que funcionarios de la municipalidad de San Joaquín en Santiago exterminaban a los perros hallados en plazas o calles o incluso sustraídos de patios de casas particulares), publicaban en La Nación una nota que incluía recomendaciones sobre lo que llamaron tenencia responsable, las que, sin duda útiles, ofrecen al mismo tiempo un espantoso retrato de la cultura chilena1. Se trata de diez recomendaciones sobre el control de los perros o de su agresividad para evitar ataques contra humanos u otros perros, y que son al mismo tiempo recomendaciones para prevenir la agresividad humana. Son estas:
- No enseñarles a morder un trapo.
- No mantenerlos encerrados o por periodos prolongados.
- No hostigarlos desde una reja.
- No azuzarlos par que ataquen a gatos u otros animales.
- No utilizarlos para atacar o atemorizar a personas.
- No privarles de sueño.
- No privarles de alimentos o durante jornadas muy largas.
- No adiestrarlos por cuenta propia sino que dejar su adiestramiento en manos de profesionales.
- Acudir a un experto si el perro se muestra agresivo.
- No utilice técnicas para ponerlos más bravos.
¿Esto hacemos con los perros? Entre las cosas que recomiendan no hacer se encuentran algunas que son simplemente delitos, como no alimentarlos. No mencionan no atarlos o, si fuera necesario, no atarlos por periodos prolongados. Los perros, pero en realidad cualquier otro animal, incluyendo a los humanos, sufren estrés y pueden volverse irritables y violentos si se los priva de alimento, agua, sueño o reposo, o si se les ata o golpea constantemente (una técnica que usan algunos, según creen, para reforzar la agresividad o el estado de estrés del perro, lo que lo haría un mejor guardián o peleador). Los perros tratados así pueden tornarse muy violentos. Si escapan a la calle, pueden causar estragos.
Pero también los humanos pueden causar reacciones caninas violentas sin que los perros hayan sido sometidos a ningún método brutal de reforzamiento del estrés. Por ejemplo, hostigarlos o patearlos cuando están al otro lado de la reja. ¿Pero quiénes hacen esto? Mucha gente, más de lo que uno quisiera, y más de lo que uno cree. He visto a niños y hombres y mujeres tratar de patear a los perros que, desprevenidos y sin ninguna intención agresiva evidente, pasan por su lado. Señoras entrando o saliendo de misa dándoles de patadas a los perros reunidos en el atrio.
Detrás de muchas agresiones o ataques caninos, puede haber un ataque humano no provocado ni justificado previo. En otra columna (Humanos contra perros), recordaba el caso de un funcionario municipal que se vio obligado a participar en el sacrificio de un perro clasificado como agresivo después de atacar y morder a un humano. Pero el funcionario contaba que el perro estaba permanentemente atado junto a su caseta y que el hombre le pegaba una patada todos los días -le quedaba en su ruta al trabajo. Un día olvidó el dueño atarlo a la cadena y cuando pasó el infeliz, el perro lo mordió. Lo acusó de haberlo atacado injustificadamente y el dueño decidió matarlo.
Por esta razón, creo que los carabineros deben investigar en lo posible las denuncias por mordeduras o ataques, porque es muy probable que los humanos mientan sobre esos incidentes para ocultar el hecho de que el ataque canino fue precedido por una agresión humana –que constituye maltrato animal y es punible.
Muchos de estas brutalidades pueden provocar la agresividad de los perros y es bueno que los especialistas empiecen a llamar la atención sobre esto. Este punto será cada vez más relevante una vez que se apruebe la ley de responsabilidad civil –del senador Girardi- que permitirá que las personas mordidas o atacadas por perros puedan reclamar indemnización u otra forma de justicia a los dueños. Pero ciertamente habrá que determinar si el ataque no fue en realidad la respuesta a una agresión humana.
Me parece también muy importante que enfaticen estos profesionales la siempre urgente necesidad de que los perros, y muy especialmente los que son puestos a trabajar en labores de vigilancia en parcelas, fábricas, locales comerciales y patios de vecinos, sean adiestrados por profesionales. Este adiestramiento puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte de un humano. Los perros pueden ser adiestrados para que retengan a los intrusos o despistados sin causarles daño alguno, hasta que aparezca alguien de la familia. El adiestramiento debiese ser simplemente obligatorio. Esta exigencia se podría transformar igualmente en una importante especialización veterinaria, porque los encantadores de perros llegaron para quedarse y pese a ello siguen siendo muy escasos.
Nota
1 Reconociendo la pertinencia de las recomendaciones, cuando las leí por primera vez recordé lo humillantes que me parecían las que se podían leer en los buses y trolebuses hace unas décadas. Llevaban letreros que decían cosas como “ceda su asiento a las embarazadas”, “ceda su asiento a los inválidos” o, casi peor, “no escupa en el suelo”. ¿Por quién nos toman?
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August72012
El tigre Pampa y el instinto
En el debate que surgió sobre la muerte del tigre blanco1 del Zoológico Metropolitano de Santiago, una de las declaraciones más impresionantes, y menos discutidas, fue la del director del recinto, que explicó el ataque que casi le costó la vida a un funcionario diciendo que “es importante destacar que se trata de animales salvajes que en toda circunstancia reaccionan regidos por sus instintos” (en La Nación; véase también Mérici). No se han comunicado al público todos los detalles de este incidente. Se ha constatado una infracción del protocolo por parte del funcionario, que entró a la jaula del tigre, pero según parece esto lo hacía habitualmente y el felino no lo había atacado antes. No se ha investigado si junto con la imprudencia del funcionario haya provocado este, quizá inconscientemente, la agresión del animal. Tampoco sabemos nada sobre la conducta del animal ni las circunstancias de su encierro en los últimos meses, o desde que llegó a Santiago desde Buenos Aires en 2007.
Estas preguntas son pertinentes porque es sabido que los animales en cautiverio suelen sufrir estrés y formas de deterioro emocional que puede llevarlos a atacar a los humanos encargados de su cautiverio. Según el etólogo Ellenberger (en Mérici) “los pacientes o residentes de centros de confinamiento prolongado, como cárceles, campos de concentración, sanatorios y hospitales psiquiátricos, presentan síntomas psicopatológicos comunes. También los animales de zoológico presentan esos síntomas”. El deterioro emocional en los animales se advierte en síntomas como “severas crisis de ansiedad, repentinos y violentos estallidos contra los guardas u otros miembros de su especie, y ataques de autodestrucción”.
La idea de que se hace el director del zoológico de que el ataque fue motivado por el instinto del felino, vale decir que fue un ataque esencialmente inmotivado o inexplicable, también la adoptan muchas otras personas y es el punto de vista de muchas instituciones. La organización EligeVeganismo, por ejemplo, tras deplorar la muerte del tigre Pampa, declaró que el tigre “es un depredador general; animal con un sentido de territorialidad muy definido y conservan sus instintos y costumbres más allá de los entrenamientos de manejo a los que son sometidos”. Aunque EligeVeganismo pone en duda la necesidad del zoológico, no cuestiona el carácter instintivo del ataque: “Es hora de tomar en cuenta esta clase de hechos y asumir que ningún animal estará cómodo dentro de su cautiverio. La realidad amable que nos muestran los zoológicos no es nada más que una ilusión y queda en evidencia cuando, ante casos como éste, un animal que no eligió permanecer en exhibición debe pagar con su propia vida por actuar de acuerdo a sus instintos”.
¿Qué es el instinto? Según Wikipedia “una pauta hereditaria de comportamiento” que, entre otras características, se encuentran que es común a toda la especie, que se explica por sí mismo (esto, estrictamente, no quiere decir nada), que “posee finalidad adaptativa” y cuyo primer paso es la “percepción de la necesidad”. Esta definición muy probablemente no se aplica a los animales en cautiverio, y es dudoso que se pueda aplicar sin más a los animales en sus nichos naturales. La noción de instinto como un impulso irreprimible e inexplicable, indiferente al entorno y a la historia, ha sido discutida en muchas ocasiones. Magaña, por ejemplo, en su columna en Teleperra, pone en tela de juicio la pertinencia absoluta de la noción de instinto y enfatiza el papel de las historias animales locales y de la relación hombre-animal local en la determinación de la conducta animal. “Los animales también tienen historia, por lo que algunas generalizaciones que apelan a lo instintivo pueden tergiversar la realidad tan local de muchas especies. Desgraciadamente a muchos humanos interesa que, al tratar de animales, se olvide la historia y se pretenda que sus conductas son inmutables e indiferentes a cualquier relación. Así justamente se les convierte en animales: expulsándolos de ámbitos como la historia, la cultura y la psicología se les priva de todo lo que pudiera hacérnoslos ver como personas” (en ‘Los animales y sus propias historias’).
El autor describe en otra columna (‘Encuentro conmovedor’) el rencuentro entre dos humanos y un león que llevaban sin verse más de diez años: “Vi en un documental un televisión una conmovedora historia sobre la relación de una pareja de zoólogos que habían vivido en un centro de rescate en un país de África y se encargaban de un león. Se habían marchado de ese lugar, al que no habían vuelto en los últimos diez años, y, conociendo los parajes por donde rondaba el león, el que, entretanto, había sido liberado, el hombre y la mujer se acercaron, acompañados por un camarógrafo. No sabían si el león los reconocería, y cómo reaccionaría ante el encuentro. Pues ni bien los ve, el león se acerca a la pareja y abraza literalmente al hombre, poniendo su cabeza sobre su hombro, en lo que parece un gesto evidente de reconocimiento y un afecto expresado en conductas que son mutuamente reconocibles” (misma fuente). Y compara este encuentro (en ‘Un animal enjaulado’) con otro, en el que la dueña, celadora y domadora de un zoo privado que terminó siendo atacada por el animal, que le comió parte del tórax y la cara. La nota en la prensa explica el ataque diciendo que el tigre, encerrado en un apretujado laberinto de jaulas, llevaba varios días sin comer, pero no relaciona el ataque con lo que debe haber sido una relación horrible con la mujer, que era domadora y, antes de caer en desgracia, montaba violentos espectáculos en los que los felinos debían cruzar, so pena de latigazos, aros envueltos en llama. “El tigre la debe haber odiado siempre. En cambio, la pareja en África cuidaba y mimaba a un león, que seguramente sufrió muchísimo su partida, que debe haber sido para él, muy inexplicable”, concluye el autor en ‘No es el instinto, sino la relación’ (misma fuente), enfatizando nuevamente que es la relación con los humanos lo que determina la conducta animal hacia los humanos.
Por esto es sorprendente que el propio director del zoológico no logre ver lo que muchos estudiosos ya habían constatado a mediados del siglo pasado, que el zoológico es una institución inaceptable que no se distingue en nada de una cárcel, un campo de concentración o una institución psiquiátrica. Mérici, haciendo suyas las conclusiones de Ellenberger, también argumenta que no es necesario ser tigre para atacar al guardia que te tiene encerrado, que te golpea y alimenta de carne muerta y que es el obstáculo entre tú y el mundo más allá de la jaula. “Encerrados sin motivo atendible por toda la vida en una jaula, lejos de los suyos y de sus entornos naturales e históricos, alimentados artificialmente y mantenidos forzosamente inactivos, sin esperanza alguna de liberación, los tigres, otros animales y los humanos mismos no necesitan de ningún instinto especial para atacar a los que ven como responsables de su encierro. Un humano haría probablemente lo mismo, y viviría esperando la oportunidad de poder deshacerse de sus carceleros y escapar hacia la libertad” (Mérici).
Nota
1 El domingo 29 de julio, un tigre blanco del Zoológico Metropolitano de Santiago, Chile, atacó y dejó gravemente herido a un funcionario del recinto cuando este entró a su jaula a alimentarlo. Tras el incidente se produjo un activo debate sobre el zoológico. Encuestas realizadas en diversos medios indican que la gran mayoría de los encuestados o participantes están a favor de la abolición del zoológico como institución, mientras que otros llaman a su conversión en centros de rescate y rehabilitación animal.
[Foto viene del sitio web Para Ti Taconeras].
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July102011
Enfermiza tolerancia del poder judicial
Un aspecto interesante de este fallo es que originalmente la jueza Juana Venegas había resuelto la absolución de los acusados por prescripción de la acción penal, que algunos jueces chilenos aplican ilegalmente -ilegal porque lo prohíbe el derecho internacional- ante la indiferencia de las autoridades. La Corte de Apelaciones de Talca, pese a que ha dictado penas ridículas de libertad vigilada, revocó la aberrante absolución por estimar que “los hechos deben ser sancionados bajo tratados internacionales de derechos humanos”, o sea que son delitos imprescriptibles. Esto hace ver todavía más infame la postura del gobierno de no exigir al poder judicial que extirpe de su medio a jueces prevaricadores, que ingresaron a la CS sólo con el fin de proteger a sus aliados pinochetistas. ¿Por qué razón los jueces de Talca sí acatan el derecho internacional, y los de Santiago no? ¿Y por qué tolera el presidente estas injusticias?
Comentario sobre una nota en La Nación.
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June242011
Fundación Las Rosas mintió sobre indigente
Es vergonzosa la manera en que se informó sobre esta muerte en algunos canales de televisión. Según lo que se puede reconstruir de acuerdo a varias fuentes, un indigente de unos setenta años que vivía en los alrededores del local de la Fundación Las Rosas en avenida Vivaceta, comuna de Independencia, Santiago, llegó a la puerta del recinto a eso de las diez de la noche y pidió ayuda, la que le fue denegada. El anciano se instaló entonces en la acera de la fundación, junto a la puerta principal, con un colchón y algunas mantas, donde lo encontró un vecino a eso de las tres de la mañana. Al constatar que el hombre tiritaba de frío y andaba descalzo, volvió a su departamento y le llevó calcetines. De vuelta en su casa, llamó a Carabineros, a los que vio llegar, pero sin enterarse de lo que pasó después, porque se quedó dormido.
Aparentemente este testigo contó en la mañana lo sucedido a su patrón, que fue entrevistado por el equipo de Chilevisión, y que dijo que el indigente había pedido ayuda en la fundación, y que esta le había sido denegada.
Otro vecino entrevistado afirmó igualmente que el hombre había pedido ingresar al recinto de la fundación, pero fue rechazado. Este vecino dijo que el guardia sí había visto al anciano.
Los carabineros que llegaron (pasadas las tres de la mañana) tampoco le proporcionaron ayuda -esto, según los testigos entrevistados.
Al final del telediario, la presentadora sugiere a las organizaciones que ayudan a indigentes -como la Fundación Las Rosas- que hagan una ronda en los barrios donde están sus locales para recoger o prestar ayuda a personas en situación de calle como el hombre fallecido. Termina diciendo que a veces las personas no “alcanzan ni siquiera a tocar el timbre”, aceptando así la versión oficial de la fundación.
Francamente, que la presentadora acepte sin más esta versión es inadmisible y demuestra una mediocridad y una falta de profesionalismo y objetividad que asombra. Entre las muchas cosas que no hicieron, y que un verdadero profesional de la información debería haber hecho, se encuentran las siguientes:
- no identificaron ni entrevistaron a los carabineros (de la 9a Comisaría de Independencia) que asistieron al lugar pasadas las tres de la mañana;
- no identificaron ni entrevistaron al guardia o portero de ese local de la Fundación Las Rosas, que según los testigos sí vio y habló con el indigente;
- no analizaron ni pusieron en duda la versión de la subdirectora Margarita Cárdenas, que dijo que el guardia no vio al indigente (que los testigos desmienten), que el indigente no pidió ayuda (que los testigos desmienten) y que, si el anciano hubiese pedido ayuda, lo habrían ayudado porque hay un procedimiento de admisión;
- no preguntaron en qué consiste el protocolo de admisión, ni preguntaron por ejemplo si los indigentes deben pagar para ingresar ni si pueden ingresar con un colchón ni si el procedimiento de admisión lo puede realizar un guardia de seguridad (lo que, ciertamente, es muy dudoso).
En el telediario de Canal 13 se repite la misma versión. El presentador (o presentadora, no recuerdo) nos llama incluso, con un sentido de oportunidad aberrante, a que nos cuidemos de que no nos pase lo mismo.
Después de recorrer la página web de la Fundación Las Rosas, queda en claro que la institución no tiene ningún protocolo de admisión para que indigentes pasen las noches frías en ese lugar. El único procedimiento mencionado es el de admisión, que debe realizarse todos los días entre las 8:30 y las 12:30 de la mañana. Según se desprende de la información en la página web, a los ancianos se les admite para vivir allí, y no para pasar la noche, después de un complicado proceso de calificación -que incluye una evaluación médica y una entrevista con una asistente social. Según mi impresión, la señora Cárdenas mintió.
Indigna la inhumanidad con que fue tratado este hombre por una institución que se define como católica, y es indignante que periodistas mediocres no solamente informen mal y de manera torcida, sino además encubran y amenacen con dejar en la impunidad lo que es en realidad un acto criminal: denegación de auxilio o grave negligencia con resultado de muerte.
Comentario sobre una nota en Chilevisión.
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