December262011
Grupos de base y causa animalista

En debates recientes en el movimiento animalista ha surgido lo que parece una creciente oposición entre ONGs y organizaciones ciudadanas. La oposición se ha exacerbado ahora porque en la discusión del actual proyecto de ley sobre tenencia responsable y responsabilidad civil que se discute en el Parlamento, la Comisión de Salud del Senado ha invitado persistentemente a funcionarias de ONGs, dejando de lado a los ciudadanos y organizaciones de base.
No creo que haya mala fe en esta aparente exclusión, al menos no de parte de los senadores. Ciertamente las ONGs son más visibles, más ruidosas, más burocratizadas y más centralizadas que los grupos de base. Incluyen también habitualmente a profesionales. Actúan con relativa rapidez y ocupan rápidamente los espacios de donde se excluye, a veces por mala fe, a veces naturalmente (cuando los grupos de base no se dan a conocer y ni siquiera aparecen), a las bases. También, sociológicamente, están mucho más cerca de los senadores que los grupos de base.
Con ciudadanos y grupos de base me refiero a las innumerables asociaciones de barrios y comunas formadas habitualmente por mujeres que se ocupan de alimentar, cuidar y proteger a los perros de la calle y que también habitualmente gestionan, a lo largo de todo el país, decenas sino cientos de miles de pequeños refugios familiares. En estos refugios, normalmente de entre cinco a diez perros (aunque los hay de veinte y más, hasta de cien o más chuchos), se reúne a perros previamente en situación de calle (sea porque se perdieron o porque fueron abandonados). Los perros son alimentados, provistos de cuidados médico-sanitarios, esterilizados, desparasitados, vacunados, y, sobre todo, considerados y tratados como miembros de una familia humana. Estos refugios, y las madrinas y padrinos que los llevan (incluyendo a las que sólo trabajan con perros de la calle), no reciben ayuda oficial y viven en un permanente estado de zozobra. Los grupos ciudadanos son muy diversos. Algunos sólo de ocupan de esterilizar. Otros sólo aparecen en invierno. Muchos de estos grupos se inspiran en la filosofía de San Francisco de Asís y utilizan su nombre para denominarse. Siempre activos, se desarrollan en una casi total marginación del mundo oficial y manifiestan una declarada desconfianza hacia todo lo que provenga de ese mundo, especialmente de las autoridades y la clase política.
Aparentemente, como consecuencia de la influencia y agitación de las ONGs, los senadores parecen que han decidido proporcionar fondos a las ONGs, sin incluir en su generosidad ni a estos grupos ciudadanos y sin considerar ninguna de sus reivindicaciones más habituales. Quizá piensan que estos grupos ciudadanos van a seguir actuando, cuenten o no con apoyo oficial. Esta es una tremenda verdad. La ausencia de ayuda y de reconocimiento no les ha impedido actuar nunca, y no es probable que ocurra ahora. Estos grupos no se mueven por consideraciones políticas, ni de oportunidad, ni de empleo, ni nada. Son grupos fundamentalmente éticos.
No sé si estos grupos y su papel en el ámbito de la protección de las mascotas –las callejeras y otras- han sido estudiados alguna vez a fondo en todo el país. Pero no me cabe ninguna duda de que sin ellos en Chile tendríamos un macanudo problema con los perros de la calle. Cientos de miles de ellos, quizás millones, no están en la calle porque han sido adoptados por ciudadanos movidos por la piedad. Esta es la mayor fortaleza de estos grupos. Y pueden absorber a todavía más chuchos en situación de calle. Su efecto en sus comunidades no se limita a estas adopciones ni a su socorro de los perros que no pueden ser incorporados en esos refugios familiares. También esterilizan, procuran atención médica y enseñan a otros miembros de sus comunidades en lo que se llama habitualmente tenencia responsable.
Estos ciudadanos están en un permanente enfrentamiento con las autoridades locales, las que no escatiman esfuerzos por hacerles la vida imposible, en lugar de ayudarlos. Abundan los alcaldes que sacrifican ilegalmente a los perros de la calle (como el aborrecido alcalde de San Joaquín, Sergio Echeverría), y abundan las ordenanzas, con amenazas de multas, que prohíben alimentar a los perros de la calle, o construirles casetas para que sobrevivan los rigores de las temporadas frías. Son las autoridades, que se pretenden responsables, pero que matan y maltratan a las mascotas de la calle, las que entorpecen a estos admirables grupos de vecinas. Pero sus necesidades no son reconocidas, ni siquiera mencionadas.
¿Qué podrían los senadores hacer por estos grupos de base –en los que participan no apenas algunos profesionales, sino cientos de miles de personas? Muchas cosas. Por ejemplo, prohibir por ley esas ordenanzas brutas que amenazan con multas y prohíben alimentar o dar cobijo a los perros de la calle. Por ejemplo, destinar fondos para crear clínicas veterinarias de base sin fines de lucro. Por ejemplo, otorgar un subsidio a los refugios familiares. Por ejemplo, facilitar sus acciones cuando organizan campañas de adopción. Por ejemplo, proveerlos de medios para crear y fortalecer sus redes. Muchas cosas más.
Pero muchos sospechan que las ONGs ven la presencia de estos grupos como competidores por los recursos que las autoridades definen como escasos, o hacen escasos, creando innecesarios recelos y conflictos. Más que dinero, los grupos de base necesitan reconocimiento y una mayor integración a nivel municipal. Por esta razón, las organizaciones profesionales ignoran y silencian la labor de los grupos de base. En medio del bosque de funcionarias que compiten entre ellas y que han rodeado a los senadores, es muy difícil que los grupos de base se abran camino para explicar sus necesidades.
Sin embargo, creo que este conflicto puede ser superado con un poco de buena voluntad. Los grupos de base pueden hacer mucho para avanzar en una nueva relación humano-animal. Los refugios familiares pueden absorber a los chuchos perdidos. Pueden educar en sus comunidades. Pueden hacer muchas cosas más, incluso a nivel de la creación de pequeñas empresas asociadas al mundo de las mascotas. Lo que se entiende como el problema con las mascotas no tendrá solución si se ignora a estos grupos.
Pero hay algunas cosas que estos grupos ciudadanos no pueden hacer. Por ejemplo, crear clínicas veterinarias (obviamente sin fines de lucro). Por ejemplo, crear y financiar centros jurídicos para ofrecer asistencia en casos de maltrato animal. Por ejemplo, crear centros de estudio para contribuir con investigaciones profesionales serias a un mejor conocimiento de la realidad de las mascotas en muchos ámbitos (sólo para mencionar algunos temas: la realidad de los perros perdidos, por qué existe el abandono y cómo podemos atacar sus causas y no sólo sus síntomas, la calidad del alimentos comercial para mascotas y su efecto en la salud de nuestros chuchos y meninos, cómo funcionan los refugios familiares y cuántos hay en el país).
Es evidente que los grupos ciudadanos y ONGs pueden colaborar en muchos sentidos. Los refugios familiares en los barrios, los perros que todavía viven en situación de calle, seguirán necesitando cuidados médicos profesionales. En los numerosos litigios por maltrato animal en los municipios esos grupos y ciudadanos animalistas seguirán necesitando ayuda jurídica. Seguirán necesitando asesoría sobre la alimentación de los chuchos. Y seguirán necesitando a profesionales para estudiar la realidad de los chuchos e influir, si posible, en las autoridades municipales –para convencerles, por ejemplo, que prohibir que nuestras queridas viejas locas alimenten a las mascotas en la calle es una demostración de una intolerable inhumanidad. No es lo que la gente entiende por tenencia responsable.
Más por Francisco de Asís que por otra cosa, estos grupos rechazan el sacrificio de mascotas y se puede decir por ello que pertenecen al amplio movimiento Sacrificio Cero. En sus estrategias y planes, las iniciativas profesionales (como el canil de Ñuñoa y organizaciones como EDRA) y los grupos de ciudadanos son reconocidamente aliados: ambos implementan campañas permanentes de adopción como una solución permanente al problema de los perros en situación de calle y rechazan el sacrificio de perros asilados en caniles municipales. Estas dos organizaciones han implementado proyectos de un inmenso valor y en el curso de menos de dos años han logrado dar en adopción a miles de chuchos.
Algunas ONGs rechazan estos proyectos porque creen, pese a las evidencias, que no contribuyen a la solución del problema. Las mismas rechazan igualmente a los grupos de base, porque postulan que la solución sólo puede provenir de gremios profesionales (como los veterinarios). Este tipo de ONG (que son, derechamente, las asociadas a la WSPA o que han adoptado sus puntos de vista) son obviamente enemigas irreconciliables del movimiento animalista de base que acabo de describir, que son ellos mismos ya una gran parte de la solución que andamos buscando todos: las mascotas en situación de calle deben encontrar su camino hacia familias humanas adoptivas.
Pero con la mayoría de las ONGs las diferencias que menciono pueden ser superadas, porque son en gran parte artificiales. Es necesario, y urgente que las ONGs que actúan de buena fe, pero que igualmente hasta el momento han preferido ignorar al movimiento ciudadano, dejen de bloquear su acceso a la Comisión de Salud y les permitan explicar su filosofía, sus necesidades, sus estrategias y sus planes.
[Foto viene del blog El Mundo de Ayer y Hoy.]
Lecturas recomendadas
Pepa García
La verdad sobre la WSPA
Amado de Mérici
Qué hace la WSPA en Chile
[Hay una versión abreviada.]
Claudio Lísperguer
Girardi y la declaración de la WSPA
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December152011
Chuchos perdidos o abandonados
En las últimas sesiones de la Comisión de Salud del Senado que debe legislar sobre el proyecto de ley de tenencia de mascotas y responsabilidad civil, finalmente ha empezado a salir humo. Pero muy probablemente se trata del humo de cerebros fundidos, porque las ideas discutidas no son muy coherentes. Lo primero que llama la atención es la definición de perro abandonado que según la comisión “son aquellas mascotas que no tienen la vigilancia de la persona responsable […] o que [deambulan sueltas] sin su identificación”. Pero según proyecciones preliminares, y como ocurre en países como Estados Unidos e Inglaterra, un porcentaje alto, sino la mayoría de los perros en situación de calle, no son canes abandonados sino perdidos. Algunos expertos sospechan lo mismo para el caso chileno. Esto lo saben los senadores tan bien como nosotros. ¿Por qué, pues, etiquetarlos como abandonados?
Dependiendo de si los clasificamos como perdidos o abandonados, la imagen que se forma uno en la mente es muy diferente. Con perro abandonado imaginamos a un chucho arrojado a la calle por un humano irresponsable e insensible. La solución para estos chuchos abandonados es encontrar una nueva familia humana que los adopte.
Cuando nos enteramos de que se trata de perros perdidos, lo primero que se nos viene a la cabeza es que lo más sensible y responsable que se puede hacer es facilitar el reencuentro de los extraviados con sus familias humanas. Según encuestas recientes, más del cincuenta por ciento de los chilenos con perros han perdido alguna vez a un chucho. Hasta hoy, una familia humana que busca a un perro perdido no cuenta con ningún apoyo de las autoridades locales, excepto casos excepcionales. Un centro de información y búsqueda municipal ayudaría enormemente a este reencuentro.
Comentario sobre una nota en la página web del Senado.
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April292011
Dictamen no justifica exterminio
Enervan las incorrecciones e imprecisiones que salpican esta nota. El dictamen de Contraloría no autoriza a las municipalidades a retirar perros de la calle con el objeto de ser sacrificados y la medida se aplica solamente a perros con enfermedades incurables y dolorosas -vale decir, en casos excepcionales.
El ministro (s) Jorge Díaz está equivocado en que el dictamen o la ley permite la eliminación de perros callejeros sanos como método de control de población. Esta es una interpretación errónea, no justificada, del dictamen, que autoriza solamente a retirar perros enfermos terminales, atropellados irrecuperables o muy peligrosos. En ningún caso como método de control de la población, que ha sido rechazado explícitamente tanto por la Comisión de Salud del Senado como por el ministro del Interior, Hinzpeter.
Lo que muchos animalistas reprocharon en el dictamen de Contraloría es que no se especifica ninguna forma de fiscalización de las municipalidades, de modo tal que los veterinarios que determinan el estado sanitario de un perro callejero son los mismos que deberán sacrificarlos. Con el dictamen, es demasiado fácil justificar lo injustificable: el sacrificio arbitrario de mascotas sanas que, con un buen programa de adopciones, podrían encontrar familias humanas adoptivas. Tampoco debe olvidarse que la mayoría de los perros de la calle son en realidad perros perdidos.
Comentario sobre una nota en El Mercurio.
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December172010
La eutanasia puede justificar matanzas
Nadie sabe a ciencia cierta qué está pasando con la ley de tenencia responsable de mascotas en el Senado. El senador Girardi ha informado que el proyecto de ley no incluye la eutanasia como método de control de la población canina. Esta expresión inquieta. Existe el temor de que la facción antiperro de la Comisión de Salud del Senado insista en incluir un artículo sobre la eutanasia clínica, que sólo debiese aplicarse a mascotas que sufran enfermedades incurables con dolores intolerables o a mascotas grave o irrecuperablemente heridas. Semejante artículo sería innecesario, porque es práctica habitual y admitida que el médico veterinario aplica la eutanasia en estos casos. Un artículo semejante abriría la puerta al asesinato arbitrario de mascotas, porque en ausencia de una fiscalización independiente, las municipalidades siempre podrán encubrir sus matanzas como la aplicación de la eutanasia clínica. Al contrario, la aplicación arbitraria de la eutanasia clínica, o su aplicación como control de población debiese ser castigada severamente, ojalá con penas de prisión.
Comentario sobre una nota en La Tercera.
Tags: /ley de tenencia responsable de mascotas /senador Girardi /control de la población canina /Comisión de Salud del Senado /eutanasia clínica /enfermedades incurables /dolores intolerables /mascotas gravemente heridas /matanza de mascotas /fiscalización independiente /penas de prisión /maltrato animal
December302009
Las quejas del senador Ruiz-Esquide
http://perros.wordpress.com/2009/12/30/ruiz-esquide-renuncia-por-exterminio/#more-3564
El senador se queja de que el ministerio quiera revisar más opiniones, pero la verdad es que es una buena decisión y debería estar agradecido de que este retraso (el proyecto vuelve a la Comisión de Salud) impedirá que la interesada prisa de algunos termine aprobando un proyecto que incluye la subasta y el exterminio de los perros sin dueño. El proyecto original del senador Girardi gira sobre tenencia responsable y fija responsabilidades civiles. El exterminio de los perros vagos no fue nunca parte del proyecto original. La culpa del retraso de la aprobación del proyecto de tenencia responsable la tiene el propio gobierno. Si el gobierno retirara la indicación substitutiva, la ley sería aprobada inmediatamente.
Pero, no la quiere retirar. Prefiere que se vuelva a discutir.
El senador Ruiz-Esquide debería saber que las consultas nunca fueron suficientes. Muchos de los invitados por la Comisión de Salud a opinar sobre el proyecto no están francamente a la altura de la tarea. Por ejemplo, invitan regularmente a opinar a dueños de criaderos o de clubes de perros de raza, que se pronuncian todos, sin tener arte ni parte ni conocimientos ni formación, a favor del exterminio de los perros vagos. ¿Quién invita a estos personajes? También han invitado a funcionarios del ministerio de Salud a las rondas de opiniones, que son personas con intereses creados y formación insuficiente, partidarios todos igualmente del asesinato de los perros. El engaño es patente. Los senadores sólo invitan a sus aliados o sus contactos, y no a quienes deberían consultar.
Muchas organizaciones animalistas representativas no fueron invitadas y el gobierno pidió tiempo al senador justamente para oír ahora sus opiniones. Las organizaciones animalistas rechazan en su inmensísima mayoría el proyecto de exterminio de los perros vagos y han presentado repetidas veces proyectos serios y basados en experiencias internacionales que excluyen el asesinato. Los profesionales del Minsal no están al tanto de estos desarrollos o no tienen la formación suficiente para estar al tanto.
Los proyectos presentados por organizaciones animalistas -como CEFU (Control Ético de la Fauna Urbana)- utilizan la esterilización masiva, la adopción y las campañas de tenencia responsable para solucionar lo que se percibe como sobrepoblación canina o peligro para la salud pública. Sólo el Estado puede hacerse cargo de un enfoque nacional coordinado y permanente y que además respete la voluntad ciudadana. La mayoría de los chilenos se opone al exterminio.
Dicho todo esto, se olvida que los perros abandonados o vagos son los que menos daños y problemas causan. La inmensa mayoría (más del 90%) de las mordeduras y ataques en comisarías y postas, según partes policiales y médicos, son ocasionados por perros con dueño. Se exageran los problemas de salud pública, pese a que la rabia está definitivamente controlada y otros contagios son de muy rara ocurrencia, como la sarna. Recientemente un grupo de pediatras del sur pidió el exterminio de los perros vagos debido a que habían constatado hidatidosis en dos niñas. Sin embargo, no sabían cómo se habían contagiado (el contagio se produce por el consumo de vísceras de ganado vacuno).
Y se olvida lo principal, que es que en Chile tenemos una excelente aunque breve ley que sanciona el maltrato animal y reglamentos que prohíben el asesinato de perros y mascotas. El único motivo admitido legalmente en Chile para matar a un perro es que se compruebe, por el seremi de Salud y tras diez días de observación, que presenta síntomas de rabia. Todo otro motivo es ilegal y puede ser sancionado hasta con un año y medio de cárcel.
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¿Por qué renunció Ruiz-Esquide?
http://www.latercera.com/contenido/680_213096_9.shtml
Sin embargo, ayer El Mercurio informó que la renuncia de Ruiz-Esquide se debía a las polémicas en torno al proyecto de exterminio de perros vagos. El proyecto original regulaba la tenencia responsable y las responsabilidades civiles, pero el gobierno hace depender su aprobación de un artículo agregado a última hora que permite el exterminio de los perros vagos. Si la presidenta retirara la indicación substitutiva (el del exterminio), se acabaría el obstáculo y el proyecto sería aprobado.
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